El naranjo de la vida

* Publicado en el Diario de Cádiz el 26/01/2014

 naranjoNuevo año y, como canta Julio Iglesias, la vida sigue igual; al menos de momento. Ahí continuamos, dando palos, algunos de ciego, esperando que el árbol dé sus frutos. Unos días caen y otros no. A veces lo que cae no es suficiente o está podrido, pero lo importante es no cejar en el empeño. Haga calor, haga frío, llueva, sople el poniente o el levante hay que seguir vareando el naranjo con la vista puesta en el zumo de la mañana siguiente.

Levantarse, darse una ducha, vestirse, coger la vara, salir a la calle y buscar, y buscar, y buscar… Fuera nos espera el bosque, el huerto, el parque, el asfalto, la arboleda. Troncos coronados de hojas y frutos. Sustento, con o sin alimento. Naranjas dulces o amargas.

Ojo porque el árbol hay que cuidarlo. Sol, agua, respeto, tierra, cariño… Si se poda en exceso, se tala y se recorta sin criterio nos vamos a quedar sin verde, sin aroma, sin fruta, sin naranjas, sin esperanza. Y luego, que nadie se lleve las manos a la cabeza cuando los palos se vuelvan en su contra.

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