Arniz, tinta de seda y percal

El artista portuense expondrá en julio y agosto algunos de sus mejores dibujos y pinturas taurinas en el Hotel Monasterio de El Puerto de Santa María.

Paco Arniz
Paco Arniz

Torero de la plumilla y el pincel. Portuense de nacimiento y corazón. Amigo personal y estudioso de la obra de sus paisanos Juan Lara y Rafael Alberti. Hombre de mundo. Enciclopedia andante. El pintor Francisco Arniz se encuentra estos días inmerso en la preparación de una exposición antológica de toda su obra taurina. Han sido 3 años sin mostrar sus trabajos en público, pero a sus 61 años regresa al ruedo artístico con la ilusión de un joven maletilla de la tinta y el gouache. Las credenciales le avalan: en su bolsillo guarda el carnet de novillero practicante, en su memoria la historia reciente de la Plaza Real y en su estudio cientos de dibujos, retratos y estampas taurinas en blanco y negro, de los toreros de la Bahía (Galloso, Emilio Oliva, Mondeño, Limeño, Paco Ojeda, Canales Rivera…) y de las principales figuras de ayer y hoy (Morante, Curro Romero, José Tomás, Rafael de Paula, El Juli, Joselito…). Maestro de la plumilla taurómaca. Luz y sombra de muñeca rota y mirada sabia.

Paco, ¿nos podrías adelantar algo sobre cómo va a ser la nueva exposición que estás preparando?

El grueso de la exposición, las dos terceras partes, van a ser plumillas de los años 2000, 2003, 2008 que tengo guardadas en mi colección. El resto, para darle más color y juego a la muestra, serán pinturas al gouache: escenas taurinas, cabezas de toros, toros solos… que en ocasiones me han servido de boceto para hacer carteles. Esa va a ser la principal novedad.

La verdad es que últimamente estoy retomando un poco el tema de los carteles, que es distinto a la plumilla. Con la plumilla se avanza muy lentamente, exige mucho detalle y precisión. A veces te cansa un poco. En cambio, con el gouache coges los colores y enseguida vas manchando y dando forma a la obra. Así ando; entre col y col, lechuga.

¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte casi en exclusiva a la pintura taurina?

Arniz frente a la Plaza Real de El Puerto de Santa María
Arniz frente a la Plaza Real de El Puerto de Santa María

Yo antes tocaba mucho el tema de los rincones urbanos y de vez en cuando metía algún motivo taurino. Pero fue en 1998 cuando realmente hice mi primera exposición taurina. Estuvo dedicada a los toreros chiclaneros. A partir de ahí, empujado por mi afición y por las posibilidades de la plumilla, decidí dedicarme casi únicamente a ello. Y desde entonces ya van más de 20 exposiciones. Casi ná.

Además el tema taurino es uno de los más plásticos que hay. Da un juego enorme de formas, curvas, movimiento, baile entre toro y torero… Así se ha demostrado a lo largo de la historia y creo que todavía podría dar muchas más posibilidades de expresión.

¿Y por qué te decantaste por la técnica de la plumilla?

Eso tiene una explicación de tipo práctico. Yo vivía entre Chiclana y El Puerto. Así que si yo empezaba un óleo en un sitio cómo me llevaba el cuadro debajo del brazo con las pinturas frescas a seguir en el otro sitio.

A su vez, el óleo requiere pintar con luz solar porque la luz artificial te confunde los colores y las mezclas. Y a mí, cada vez más, me gusta pintar de noche.

Buscando una solución a estos temas fue como llegué a la plumilla. Con esta técnica no tenía problemas ni con la luz, ni con el color, ni con el secado. Y además ocupa mucho menos espacio. En una carpeta te caben 30 dibujos.

Por último está el tema del coste. Tanto el material como el precio a la hora de vender los cuadros es mucho más asequible.

Vamos, para que te voy a engañar, cuestión práctica.

Llama la atención que siendo la Tauromaquia un arte tan colorista un pintor se decante solo por el blanco y negro.

Plumilla de José Tomás
Plumilla de José Tomás

Es el sol y la sombra, la vida y la muerte. Detrás del color está la tragedia. Me gusta centrarme en la esencia, en la belleza, en la sinfonía del baile entre el toro y el torero.

En mis dibujos a penas salen escenas violentas. Solo tengo dos estocadas, una de Jaime Ostos y otra de Manolete. Tampoco suelo dibujar nada de picadores, a lo sumo algún que otro par de banderillas. Y por si fuera poco la poca sangre que aparece es en blanco y negro. Esto va para los enemigos de la Fiesta (bromea).

¿A la hora de pintar un retrato o una escena taurina en qué te basas?

Lo primero que hago es buscar fotos que me transmitan algo y que tengan contraste de luces y sombras para poder darle volumen al dibujo. Luego ya utilizo mis conocimientos taurinos para darle a la escena aquello que le falta a la foto.

En la gente que pinta cosas de toros se nota mucho quién es taurino y quién no. El dibujo taurino tiene que tener una cierta virilidad en el tema de las poses y hay veces que se pinta con demasiado amaneramiento.

¿Qué tiene que tener un torero para merecer un dibujo a plumilla de Paco Arniz?

Hombre, lo primero que tiene que ser es artista. Curro, Paula, Morante… Tiene que tener algo especial. No me valen los toreros que dan cien capotazos y cien muletazos pero te dejan indiferente. Luego hay otros que se distinguen especialmente por su valentía como el caso de José Tomás, Talavante o El Juli.

Lo que no me inspira son esos toreros que parecen todos igual y que te dejan frío. Son los que van muchas veces acompañando y que te tienes que tragar como las listas cerradas de los políticos.

Te voy a poner un ejemplo. A mí me cae muy bien como persona Manuel Díaz El Cordobés, es muy simpático el muchacho, pero por más que he buscado no he encontrado una cosa para pintarlo. Otro que no he pintado, ni creo que vaya a pintar, es Jesulín.

Lo que está claro es que hay unos toreros que se prestan más que otros a convertirse en cuadro.

¿De dónde viene esa pasión por los toros?

Desde pequeño. Ahí están los antecedentes. Mi abuelo, Antonio Arniz “El Gallo”, fue novillero y llegó a torear con el suegro de Paula, Bernardo Muñoz “Carnicerito”, aquí en El Puerto en 1911. Luego mi padre fue muy buen aficionado y me llevaba de chico a los toros. Además también pintó, aunque no se dedicaba profesionalmente a ello.

Después el hecho de vivir en El Puerto… Yo desde que tengo uso de razón he estado yendo a los toros. Recuerdo hasta haber estado en el festejo a plaza partida del 58, que tenía yo seis años.

También me acuerdo de haber visto torear en El Puerto a Antonio Ordoñez, a Luis Miguel Dominguín, a Rafael Ortega, a Diego Puerta, a Paco Camino, El Viti… Por aquí (la Plaza Real) ha pasado todo bicho viviente. Pasaron Joselito El Gallo, Juan Belmonte, Manolete y toda esa gente, lo que pasa es que por aquel entonces yo no había nacido (risas).

Creo que todo es un contagio de cosas. Y después supongo que también influye mi trato con Juan Lara y con Rafael Alberti, que eran muy taurinos y también reflejaron esta afición en su obra.

¿Qué toreros y qué momentos taurinos de los cientos que has vivido llevas grabados más a fuego?

Plumilla de Morante de la Puebla
Plumilla de Morante de la Puebla

Todavía recuerdo con emoción lo de Morante en la nocturna de 1998, el año siguiente de su alternativa. Cortó cuatro orejas y un rabo a los toros de Joaquín Barral. Fue una locura.

También me acuerdo especialmente de toda la campaña novilleril de Gallloso, que fue extraordinaria. Me pilló con 16 y 17 años y le acompañaba a muchos sitios, a Madrid, Sevilla… Era muy completo, un poco como El Juli cuando empezó. Tenía un repertorio muy amplio, con el capote hacía verdaderas maravillas y recuperaba pases antiguos. Un poco lo que hizo después Joselito, que le copió la “gallosina”. Como novillero fue maravilloso, luego de matador ya fue más irregular.

Y como los toros en El Puerto…

El Puerto tiene una tradición taurina tremenda. Ya lo decía la frase de Joselito: “Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros”. Se refiere a que era un día entero de toros, desde por la mañana ya se veían las calle con movimiento, los bares llenos, los trenes que no paraban de venir, el vapor de Cádiz repleto.  La calle Santa Lucía, la que va de la Iglesia Mayor a la Plaza era un hervidero, parecían los Sanfermines

Claro que no había otras atracciones como hoy que está la tele, que si las motos, que si los coches, que si el tenis, que si el internet… Y además había una competencia tremenda entre los novilleros de la zona. En Jerez estaba Rafael de Paula, en Chiclana Emilio Oliva, en Sanlúcar Limeño, en Puerto Real Mondeño y El Puerto tenía a Pepe Álvarez. Fíjate como sería que se hacían corridas de cuatro novilleros y ocho novillos. Y la plaza se llenaba un día sí y un día también. Era otra época.

by  Juanjo Castillo

Entrevista publicada en el Independiente de Cádiz el 5/06/2013Entrevista con Paco Arniz en el Independiente de Cádiz

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